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Neuroarquitectura: la disciplina compartida entre la neurociencia y la arquitectura moderna que ha brindado un nuevo enfoque en el diseño de espacios saludables.

En ocasiones, la creación de proyectos arquitectónicos no está enfocada en optimizar la vida de las personas a quienes están dirigidos, sino en atender distintos criterios funcionales de seguridad, resistencia de materiales, de limpieza o mantenimiento.

Sin embargo, uno de los grandes aprendizajes que nos ha dejado la crisis pandémica es que el entorno en el que vivimos y trabajamos influye directamente en nuestra salud, estado de ánimo o productividad; lo cual ha hecho que nos planteemos diversas interrogantes: ¿Qué es lo que sucede en nuestro cerebro cuando día tras día nos vemos obligados a movernos en ciertos espacios cerrados? ¿Qué reacciones ocasionan las diferentes proporciones, vistas, iluminación, calidad del aire, los colores o sonidos? En la actualidad podemos dar respuesta a estas preguntas gracias a la neuro-arquitectura. 

Esta nueva rama de la arquitectura, se fundamenta en datos y evidencias científicas para analizar de forma objetiva y sistemática cómo los espacios construidos pueden modificar nuestras emociones, pensamientos, conductas y capacidades. De esta forma, esta disciplina busca entender cómo el espacio afecta a nuestro cerebro y en consecuencia, a nuestro estado emocional y comportamiento.

A raíz de esto, los arquitectos han empezado a darle importancia a la consideración de otros aspectos subjetivos al momento de diseñar sus proyectos, teniendo como fin el crear espacios que favorezcan la mejora de las habilidades cognitivas, la memoria y la estimulación cerebral, no solo pensando en el carácter utilitario de los espacios, sino en otros factores que permitan además potenciar el estado de ánimo, disminuir el estrés y facilitar la solución de problemas en la vida cotidiana.

Sabiendo que el entorno físico influye directamente en nuestra cognición, la neuroarquitectura se ha convertido en una de las grandes tendencias de los últimos años.

Pero, ¿Cuál es el origen la neuroarquitectura?

El surgimiento de esta disciplina ocurrió en el año 1998, con el trabajo de los neurocientíficos Fred H. Gage y Peter Eriksson, en el cual obtuvieron hallazgos de que el cerebro humano tenía la capacidad de producir nuevas neuronas en la edad adulta al estar expuesto a un entorno estimulante.

Salk Insitute por Louis Kahn – Primer proyecto realizado en base a la Neuroarquitectura

Mediante este descubrimiento, se concluyó que al diseñar los edificios que habitamos, el entorno construido cambia nuestra conducta y modifica nuestro cerebro. Gracias a esto, se hizo evidente la relación entre la arquitectura y la neurociencia, creando una sinergia a la hora de diseñar espacios que ayudan a mejorar la experiencia de las personas que viven, aprenden y trabajan en ellos.

Salk Insitute por Louis Kahn

La neuroarquitectura no ha emergido por casualidad, sino por necesidad y por demanda de la sociedad en la cual vivimos, caracterizada por el diseño de espacios que evolucionan cada vez más y usuarios que además de buscar ambientes estéticos y funcionales exigen lugares que evoquen sensaciones de relajación, tranquilidad y felicidad. Así, a través de un uso adecuado de la composición y el diseño en las edificaciones, los arquitectos están descubriendo intuitivamente cómo movilizar las emociones de la gente y estimular sus percepciones y pensamientos. 

El funcionamiento de la neuroarquitectura y sus descubrimientos más relevantes

Para aplicar la neuroarquitectura en primera instancia se recrea un ambiente artificial siguiendo ciertos parámetros de diseño, en los que se busca generar emociones positivas para luego en pasos posteriores poderse aplicar en el contexto real.

Un ejemplo de ello fue desarrollado por un grupo de investigadores, los cuales realizaron un estudio en un aula de clases para analizar cómo la conjugación de las variables luz, color y forma son capaces de optimizar procesos cognitivos como la atención, memoria y concentración en los alumnos. La conclusión más relevante evidenció que tanto los resultados psicológicos como neurofisiológicos indicaron que las tonalidades frías mejoraron el rendimiento en la atención y la memoria más que los tonos cálidos.

Adicionalmente, otros trabajos experimentales demostraron que los techos altos propician las actividades creativas y artísticas, mientras que los techos bajos favorecen la concentración, el trabajo rutinario y la sensación de seguridad para dormir. En otro sentido, diversos estudios han revelado que la presencia de naturaleza relaja el estado emocional y permite una recuperación más rápida en pacientes hospitalizados.

Por medio de la neuroarquitectura se busca traducir las sensaciones humanas a datos medibles y objetivos, que permitan comprender cómo las personas se sienten en los espacios que habitan, construidos desde una perspectiva científica para mejorar la productividad y su bienestar general.

¿Cómo saben los neuroarquitectos lo que las personas desean?

A través de herramientas médicas e innovaciones tecnológicas puede medirse la actividad cerebral de una persona cuando está interactuando con un espacio determinado. Es decir, se puede delimitar qué siente al tocar un material concreto respecto a otro. Por lo que, en el momento en el que un usuario toca un material o ve un espacio específico, transmite un conjunto de emociones que estas herramientas pueden identificar y reflejar. Simultáneamente se realizan mediciones de la frecuencia cardíaca, para ver si el estímulo relaja a la persona o si por el contrario le ocasiona estrés.

Todas estas valoraciones nos permiten determinar lo que le transmite un lugar determinado a una persona, y luego de tener los datos recabados, estos son trasladados a ordenadores para analizarse posteriormente. Es ahí cuando de la mano de algunas potentes innovaciones informáticas, como el big data o machine learning, se permite llevar a los proyectos arquitectónicos a un nivel superior de bienestar y éxito.

Sin embargo, la neuroarquitectura también puede apoyarse en la realidad virtual, ya que mediante esta herramienta tecnológica los usuarios pueden interactuar con distintos entornos sin necesidad de ir a verlos, solo con ponerse lentes VR. Es otra manera más simplificada de determinar lo que podrían sentir las personas al ver un tipo de construcción u otra. Por ello, a la hora de realizar un proyecto el arquitecto puede apoyarse en estas nuevas tecnologías para conocer qué sensaciones le produce al cliente el ver materiales, como suelos de distintos materiales, espacios abiertos o cerrados, techos más altos o más bajos y otro tipo de soluciones.

Claves de la neuroarquitectura.

La iluminación.

La luz atrae al ser humano, por lo que es un factor clave que guiará al individuo en su experiencia en el edificio. Ha sido demostrado que la luz natural facilita la concentración de las personas y genera un ambiente más atractivo que la luz artificial, ya que esta última obliga al cerebro a esforzarse más en las actividades a realizar e incide negativamente en la productividad. Por esto, es crucial el máximo aprovechamiento de la iluminación natural al diseñar proyectos de cualquier índole.

Los ritmos circadianos.

Aunado al punto anterior, la luz solar es fundamental para la regulación de los sistemas endocrino e inmunológico, influyendo directamente en el adecuado funcionamiento de los ritmos circadianos a lo largo del día y de las estaciones. Cuando no se incorpora una fuente suficiente de luz natural pueden producirse problemas tales como alteraciones del ciclo sueño-vigilia, fatiga, estrés, falta de concentración e incluso depresión.

Igualmente, los cambios de nivel y temperatura de color de la luz natural también afectan la actividad y el estado de ánimo de las personas: mientras que la luz azulada tiene un efecto activador, la luz cálida tiene un efecto relajante. A la vez, una alta intensidad lumínica provoca excitación y, por ende, un aumento de la actividad y un mejor estado de ánimo. Por lo contrario, una intensidad baja induce a la relajación y al descanso.

Áreas verdes.

La sensación de encierro que generan los espacios interiores ocasionan estrés y disminuyen la productividad de quienes se encuentren en esos ambientes. Junto con la luz natural, el contacto del ser humano con las zonas verdes, ya sea a través de vistas o áreas exteriores, permite despejar la mente, aumentar la concentración y favorecer estados anímicos de tranquilidad.

Proyecto Residencial Casa ADC – Maracaibo, Venezuela

Temperatura.

El equilibrio térmico es crucial para crear un entorno confortable, ya que nuestro cerebro es bastante sensible a los cambios bruscos de temperatura, que pueden reducir nuestro desempeño cognitivo y producir hostilidad a nivel emocional.

Los techos.

Como se mencionó anteriormente, varios estudios científicos han evidenciado que la altura de los techos también influye en la concentración y actividades de las personas, recomendándose los techos altos para espacios dirigidos a tareas más creativas, y los bajos para favorecer un trabajo de carácter más rutinario.

Proyecto Residencial Casa ADC – Maracaibo, Venezuela.

Los colores.

El factor cromático incide y condiciona el estado de ánimo del ser humano, por lo que es sumamente importante analizar qué efecto generan las distintas tonalidades en los usuarios para poder emplearlos de la manera más eficiente. Generalmente los tonos relacionados a la naturaleza (verdes, azules, amarillos) aumentan la sensación de confort, reducen el estrés e inciden sobre la percepción del espacio como una edificación saludable. Por otro lado, tonos como el rojo captan la atención del receptor por lo que en tareas de concentración son los más adecuados.

Proyecto Residencial Casa ADC – Maracaibo, Venezuela.

Ruido.

Los estímulos auditivos son una de las causas más importantes de distracción, aumento del estrés, disminución de la eficiencia e insatisfacción. El estrés ocasionado por el ruido puede inducir la liberación de cortisol, lo que afecta el aprendizaje, el procesamiento de las emociones, el razonamiento y el control de los impulsos, alterando la capacidad para retener información y pensar con claridad.

Elementos arquitectónicos.

Los ángulos o formas empleadas en los diseños arquitectónicos también tienen influencia en el cerebro humano. Los espacios rectangulares son percibidos como menos agobiantes que los cuadrados, que sí provocan una mayor sensación de encierro. Los ángulos marcados de las edificaciones activan respuestas de estrés o ansiedad frente a las curvas o contornos suaves que brindan una sensación de seguridad y comodidad.

Actualmente, los avances tecnológicos y los estudios en neurociencia son capaces de proyectar las reacciones de la mente y el cuerpo frente a distintos entornos construidos. A la luz de ese conocimiento, la arquitectura debe abordarse tomando en cuenta los efectos que el diseño produce tanto en la fisiología como en la psicología de sus ocupantes. Esto nos permite idear espacios que consideren las disposiciones biológicas de las personas para mejorar su experiencia y generar ámbitos saludables y motivacionales.

Por esta razón, la neuroarquitectura es un camino hacia la optimización de cómo percibimos los espacios que habitamos diariamente, ideada para aquellos que deseen invertir en su tranquilidad y felicidad ¡Contáctanos y permítenos desarrollar tu proyecto soñado tomando en cuenta no solo la estética y funcionalidad sino tu bienestar y comodidad!

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